Avanzando, o como conformarse con no retroceder

Avanzar, mirar hacia adelante. La 4ª acepción del diccionario de la R.A.E. proclama: “Adelantar, progresar o mejorar en la acción, condición o estado.” En eso estamos, intentando avanzar.

Hace unas semanas me propusieron algo. Me propusieron (a mi y a otra compañera) la posibilidad de aceptar una plaza de directora de una de las bibliotecas del campus. Supongo que está claro que no la acepté, sobre todo, porque los nombramientos a dedo en el funcionariado no me gustan. Podría pensar que si han pensado en mi como potencial candidata pueda ser porque lo valgo, o porque lo merezco. Pero ahí entra mi yo oscuro, el que se acobarda, así que tomamos la decisión de decirle al super dire, que saque la plaza a concurso, en definitiva, que el proceso sea transparente.

El miedo a veces es necesario. Pero otras te impide avanzar. Esta noche se entregan los premios Cálamo de escritura, y se celebran con una cena. Uno de los ganadores fue un antiguo profesor mío, con el que últimamente me he escrito algún mensaje. Podría ir a esa cena. Podría ponerle una cara a mi dirección de correo electrónico. Podría curiosear entre editores, escritores y libreros. Pero no lo haré, así que acabaré viendo Callejeros en Cuatro, o una peli, o jugando al guitar hero, o cualquier otra cosa.

El otro día pensaba con la gran cantidad de relatos que anidan en los blogs conocidos o desconocidos, podría hacerse un libro de relatos increíble. Algunos serían buenos, otros nefastos, otros aburridos, otros desternillantes, y otros, idiotas. Pero seguro que todos serían valientes.

Os dejo un estupendo decálogo de Murakami y el último relato que he escrito y enviado para la SER.

Un decálogo murakamiano apócrifo

1. Silogismo: la ficción es imaginación y la imaginación es real, luego ¿la ficción es real?

2. Ante la duda, jamás desprecies la ficción de género: Raymond Chandler o J. G. Ballard también valen su peso en oro.

3. Lleva razón Roland Barthes: el que habla (en el relato) no es el que escribe (en la vida) y el que escribe no es el que es.

4. Pulp fiction y Cult fiction conviven en la novela sin necesidad de cuidados especiales.

5. Una fórmula para la felicidad: un vaso de Wild Turkey leyendo cuentos de Carver mientras suena la Suite francesa de Poulenc (o cualquier tema de Bill Evans o Bird Parker, de cualquier grande del jazz, mejor).

6. Un cóctel que nunca falla en narrativa: 1/3 de ambigüedad, 1/3 de humor y 1/3 de memoria inventada.

7. No existe la ficción americana, rusa o japonesa. Existe la ficción (que será global o no será).

8. Kafka en el altar: “Explica lo más extraño como si fuese lo más natural”.

9. Balzac y Gauguin discutiendo sobre si Star Trek es mejor que Fort Apache mientras Hitchcock les espera en Starbucks tomando un café.

10. Goyesca japonesa: “El sueño de la ficción produce monstruos”.

Cojeando, me esforcé por alcanzar la fila de niños que regresaban del recreo. Los tornillos todavía tintineaban en el bolsillo de mi pantalón cuando me coloqué en la fila de los de séptimo A, a unos 15 niños de Fernando, el primero de la fila, destacando entre los demás, con su metro noventa de mala leche. Vería aquel gilipollas cuando aquel pupitre se le cayese encima.

-¿Me cambias el sitio?

La voz de Lola me llegó como en un sueño. Les vi subir corriendo las escaleras.

Mi maldita cojera me impidió llegar a tiempo, pero ahora hay una rampa, y la silla de Lola, a motor, sube perfectamente.

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~ por mismanitasdevelcro en febrero 15, 2008.

3 comentarios to “Avanzando, o como conformarse con no retroceder”

  1. Jugar al Guitar Hero deja en paños menores cualquier cóctel rodeado de literatos, aunque lo digo yo, que ni estando de vacaciones juego ni un minuto. El miedo es necesario, pero en la mayoría de las ocasiones es una mala adaptación al medio. Sin miedo, sin vergüenza (que viene a ser miedo de baja intensidad) y sin la pereza seríamos superhombres (o supermujeres)

    Viva el vino!

  2. Pues a mi me parece que lo que demuestra valor e integridad es no aceptar una designación a dedo y dejar que la plaza salga a concurso. Me pregunto ante esa situación que hubiera hecho yo, y la verdad es que no lo tengo nada claro. Me gustaría pensar que habría hecho como tú, pero lo cierto es que no puedo estar segura de que no habría sucumbido a la tentación.

    Creo que hubiera sido positivo para ti ir a esa cena, pero entiendo que no te apeteciera, además no puedo evitar pensar que hay algo de “aprovechado y calculador” en propiciar amistades y relaciones con personas “influyentes”, sé que así es como funcionan ciertos mundos, incluído el mío, el de la abogacía, pero es algo que me resulta imposible. Me cuesta hasta pedir favores, por lo que es una suerte que a mi los casos me los asignen y no tenga que capatar clientes, porque entonces viviría en un barril.

    Me gusta el microrelato, y el final tiene su gracia, dentro de que es terrible que Lola acabe lisiada.
    Por cierto, ¿estás segura de que no pasa nada por intorducir en tu blog el microrelato antes de que elijan a los finalistas?

  3. Pues yo añado que más importante que triunfar a cualquier precio es sentirse íntegro y respetuoso con uno mismo y con nuestros principios. Eso da una paz de espíritu que ningún cóctel con editores/ puesto de trabajo puede darnos…

    Me gusta tu microrelato.

    ¡Un beso!

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