Escritores contra escritores
Cuando la gente de tu alrededor sabe, o comienza a saber, que te gusta escribir, pueden darse dos fenómenos distintos, que no tiene por qué excluirse entre ellos. La gente puede optar por pedirte que le dejes leer lo que has escrito, bombardeándote después a preguntas, alabándote, en un ejercicio de buenas maneras que nunca terminas de saber, excepto si son amigos, de si es autoimpuesto o bien espontáneo. O bien, la gente puede hacer mutis por el foro. Es decir, que piensen que escribir es perder el tiempo. Y lo más seguro, es que muchos piensan que jamás te vas a comer una rosca y que si no es para tener reconocimiento y que otros puedan leerlo, para qué vas a perder el tiempo en ello.
Supongo, es inútil y mentiroso negarlo, que a todos los que nos gusta escribir, nos gustaría llegar a ser reconocidos. Y ya no se trata de ganarse la vida escribiendo, sino de tener una oportunidad de ver tu libro ahí, en un maravilloso escaparate, aunque asome tímidamente entre la colección de autores locales.
Recientemente, dos escritores locales, conocidos, como son Martínez de Pisón y Felix Romeo, han publicado sus dos últimas obras, que lógicamente han ido a parar al maravilloso escaparate de una maravillosa librería que tiene la grandeza y la valentía de quitar a Ken Follet del escaparate y optar por impulsar, si es que todavía les hace falta, la carrera de dos escritores que nunca generarán en vida lo que Ken Follet en un mes. Ni falta que les hace, porque sus los ejemplares de sus libros, expuestos en el escparate y aguardando en el interior de esa cárcel de papel, se agotaron a las pocas hora.
No tengo entidad ni juicio para valorar a dos autores que ya sólo por el hecho de publicar y escribir merecen todo mi respeto, a pesar de que Martínez de Pisón no me guste, y que crea que se repite. Con Félix Romeo me ocurre algo. Digamos, que el destino, o la vida, o lo que carajo sea, se empeña en que me tropiece con él. Leí su primer libro estando en la universidad. El destino quiso que me enamorara de un programa llamado La Mandrágora, uno de los mejores programas culturales que se han hecho en este país, que el dirigía, y que entrevistó, entre otros, a Paul Auster y Kazuo Ishiguro, que son también, por pura coincidencia, dos de mis escritores favoritos.
El destino quiso que hace unos tres años conociese a mi amiga la pintora, aquella que llora con Rothko. La mujer que llora con Rothko es a su vez amiga de Félix Romeo, al que no duda en calificar como algo presuntuoso, pero al que considera buen escritor. El destino quiso también que cuando estuve ingresada en el hospital, una de las limpiadoras de la habitación, entablase una animada conversación conmigo. Al verme con libros y escribiendo me contó: “mi cuñado también es escritor, es el hermano de mi marido”. Pues sí, su cuñado era Félix Romeo. La anécdota me hizo gracia, y si al día siguiente hubiése vuelto para limpiarme la habitación, le habría hecho más preguntas, pero los servicios de limpieza de los hospitales tienen muchas personas en plantilla y muy cambiantes. también pensé en que parecía extraño que la cuñada de Félix Romeo fuese limpiadora. No porque ser limpiadora sea extraño, al menos, lo mismo que ser escritor, sino porque uno imagina a la familia de un escritor conocido dedicándose a la abogacía, la medicina, la pintura, o regentando un restaurante. Una soberana estupidez.
Todo este rollo, para explicar, que tengo que comprar la última novela de Félix Romeo, aunque el título, “Amarillo”, me chirríe como las ruedas de un carrito de comidas en un pasillo de hotel mal encerado.
¿Quién escribe los textos de la contra de los libros? ¿los propios autores? ¿los editores?
¿un amigo del alma al que le pides que describa tu novela en cuatro párrafos?
¿Quién llega a conocer mejor una novela? El escritor, cargado de subjetividad, o ¿un extraño?
¿Cuando tiene alguien la fuerza y la autoría moral suficiente para decirse, soy escritor?
¿Alguien es escritor porque publica o porque escribe?

Digo yo que alguien es escritor cuando su fuente principal de ingresos proviene de la escritura, a no ser que te definas como, por ejemplo, Augustus Flácidus, Administrativo, jugador de Xbox y escritor, por ejemplo. Y en cuanto a los autores de las contraportadas yo apuestos por los becarios.
Escribir una contraportada me parece complicado. Tiene que ser lo suficientemente ingeniosa para atrapar al lector en tan pocas frases… yo casi siempre termino leyéndome las dos o tres primeras páginas antes de comprar el libro.
Creo que al igual que no se es filósofa por haber acabado la carrera de filosofía, siempre me dará apuro que me llamen escritora porque me guste escribir. Tampoco soy repostera y me gusta hacer pasteles. Hasta el momento mera aficionada en la vida. Y tampoco creo que pueda nunca vivir de todo lo que me gusta. El sueño está ahí, pero…
Las contraportadas son trabajo de las editoriales, la pensada nota de algún publicista para hacer atractivo el contenido. Al igual que, la mayoría de las veces, los autores tienen incluso que pactar el título o hasta el diseño de la portada. Purito márketing.